Ansiedad por compartir

*Discurso de graduación a los titulados de artes visuales el 26 de agosto de 2019 en el auditorio de la FBA.

Estas son las últimas palabras obligados de escuchar. Y quizá sean las más importantes, por lo menos lo eran para Henry Bergson, quien consideraba a los discursos de graduación como el botón, la argolla, etc., lo que sostiene todo lo demás. Lo que les da sentido a los años dedicados a la escucha de adultos cuya versión de la realidad asumen como la más importante.

20 años. 20 años se pueden traducir en 1/5 de los cien años que nos imaginamos como la edad justa de nuestro tránsito en la tierra. 101 o 104 años suenan arrogante, como de sobra, es decir, se puede tener una crisis existencial a los 106 años con el cuestionamiento de ¿por qué seguir vivo si ya no llegaré a los 200?

A los 20 una mujer de Bankog es considerada una eterna solterona. Prácticamente abandona toda esperanza por casarse y tener una familia, “se dejó”, es la expresión que usamos cuando alguien “fodonguea” 24/7 y descuida distinguir entre “ropa de casa” y “ropa para salir”. Ni una rupia más será gastada en maquillaje, los vestidos en aparadores serán sombras de un pasado que acosará con fantasías. Mientras que en Inglaterra “la vida” de una mujer a los 20 años se dice que apenas empieza, en la India, esta misma película ya va por los créditos.

Hace 22 años estaba un bebé llorando en la sala de partos de un discreto hospital parisino. Es 11 de junio de 1997, Philip Kahn espera noticias sobre el nacimiento de su primera hija, carga con su rudimentaria cámara digital, una Compac portátil (de las primeras en su tipo) y su teléfono celular.

Philip, quien siempre buscaba destacar en las fotografías familiares, está sufriendo un big bang en su interior. Por fuera se ve cual francés amargo y escuálido, por dentro, quiere compartir desesperadamente con todo el mundo (literal) la fotografía que acaba de tomar del rostro de su hija.

Los magos no desaparecieron o fueron erradicados por algún culto, sólo se sentaron a chatear y por aburrimiento produjeron este mundo que ahora nos parece tan natural como la tierra de Oz. Uno de esos magos conectó su cámara fotográfica digital al equipo portátil de cómputo y ahí al teléfono con el cual envió la fotografía de una ciudadana neonata que al llegar a su computadora de escritorio en casa recibió la orden de reenviar la imagen a todos los contactos de su cuenta en yahoo.com

Hoy, el modelo de teléfono J-HS04 de la marca Sharp puede ser tomado como basura, pero para finales de aquel año de 1997 fue el primer teléfono celular con cámara fotográfica.

11 de junio de 1997, aquel día, antes de las 7 de la tarde habían nacido con buena salud, Sophie y el Homofotograficus que somos hoy día.

Hoy, la minería de datos, la agricultura de imágenes y el mar de información en que navegamos, no tiene comparación. O en un gesto poético podemos mencionar esas socializadas palabras de Ray Bradbury que dicen: “siempre nos quedará Paris”.