Era como yo, eso lo sabía desde el principio. Otra Libra, grado cero de mi prejuicio horoscopal.

Fueron unos días, pero fue intenso; tan libre como yo, tan libro como yo, tan libra como yo.

Sin embargo, nunca se sintió como un complemento y luego de la travesía me quedo con las hipótesis; 1) ¿yo mismo sería capaz de volverme no lo opuesto sino lo que equi-libra? 2) ¿no es el miedo por una figura del doble que nos suplante, sino por una que nos daría y le demos equi-libr(is)?

Pero la gran pregunta podría ser: ¿si tuviéramos la oportunidad de estar bien, de dejar de pelear con quien nos acompaña, de competir y cada uno pudiera hacer o no hacer, seríamos capaz de reconocerlo primero y de aceptarlo después? Es decir, ¿cómo empezar algo que no sabías que seguía estando ahí? Tan lejana y tan familiar, que casi podríamos decirnos que sobran en este momento las palabras, las explicaciones y los trayectos.

¿Puede un mal como la pandemia que siento tan distante traer algo bueno? Unos meses después sé que me hizo darme cuenta de que no soy una persona de respuestas, ¡a mí no me pregunten! Porque soy alguien que diseña, crea, piensa, siente y hace llover preguntas, donde como pasa con la lluvia, la única diferencia entre una brisa agradable y una tormenta atemorizante es la velocidad.