Resumen: De Samuel Beckett a Stephen King, de Robert Louis Stevenson a Stanley Kubrick, de William Burroughs a Julio Cortázar, de Los Simpsons a Body parts. Líneas de continuidad, diálogos y testificaciones sobre el problema de sí mismo como otro donde los horizontes de mutación se mezclan para dar un catálogo de figuras desde la pura extrañeza hasta el plan de inmanencia. El miedo de Descartes a la Quimera como una imposibilidad de establecer el “pienso luego existo” se actualiza en producciones literarias y cinematográficas, como si la figura de Legión dentro del Salmo a San Marcos funcionaria no sólo como un espejo de la intertextualidad para Roland Barthes, sino también como un gesto que desemboca en diversos cuadros sintomatológicos para dar cuenta de los problemas del yo con el cuerpo. En palabras del Chuck Palahniuk, el Club de la pelea tiene un gran éxito porque habla de gente que se reúne y ello es un deseo actual. El problema es que en ocasiones aquel con el cual uno mejor se entiende o establece lazo no está en el exterior, sino que constituye un pliegue y se desarrolla no sin dolor, no sin angustia, pero eso sí, bajo el imperativo de una actualización de la alegría. Este es un texto sobre la propuesta ética del desconocerse a sí mismo ejemplificando desde la literatura y el cine, donde se busca generar procesos de extrañamiento y líneas de fuerza que permitan ver, en un conjunto de figuras literarias, posibilidades de felicidad, de actualización de la alegría o cuando menos desarrollar una relación bélicamente directa con esa psique extensa.

Este texto forma parte de los contenidos temáticos compilados por Fabián Gímenez Gatto en el libro Tratado breve de concupiscencias y prodigios, publicado por editorial La Cifra.

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