Los llaveros son orgánicos, orbitan entre naturaleza y cultura. No tengo ni remota idea de su origen, quizá no sean propiamente una invención sino un “algo” que siempre a estado ahí. No llegó con los españoles, no se va con la digitalización del mundo. Me atrevo a suponer que fueron primero los llaveros que las llaves, por más contradictorio que pueda leerse.

    El llavero es, lo repito con pudor, un “algo”. Una roca, un trozo de tela, un hilo, una pequeña rama, el llavero cabe en el bolsillo, esa sería quizá la única agrupación sensata. Podría entonces cuestionarse por orden de aparición que sin bolsillos no habría llaveros. Pero no es del todo exacta esa deducción, ya que depende de nuestro concepto de bolsillo.

    Es un buen momento para abandonar la lectura del texto si le parece que hay nula posibilidad de que alguna de las ideas planteadas hasta aquí pudieran considerarse como interpretaciones verosímiles. Se lo menciono porque lo que viene a continuación pudiera molestarle y con ello quizá arruinar su día.

    Ya que decidió continuar, haré lo propio.

    Hay bolsillos sin pantalones, faldas, bolsas, chamarras, mochilas etc. Hay bolsillos que no se distinguen del cuerpo humano. Con los canguros, zarigüeyas o pelícanos es bastante obvio, pero por lo menos la especie desde dónde escribo puede generar esos bolsillos con la palma de su mano y así un pequeño espacio de almacenamiento temporal aparece de la nada.

    Dentro de un puño cerrado se pueden esconder muchas cosas; una roca, una corcholata, un trozo de hilo o una llave. Incluso una llave que no sea o ya no sea más una llave, sino que se convirtiera en un llavero. Formando ese pequeño hueco en la mano tenemos bolsillos y a todo objeto capaz de colocar en un bolsillo le llamaremos llavero. Ahora bien, los llaveros no sirven para nada porque solo sirven para una cosa; cuidar las llaves. En la relación matrimonial de llavero y llaves el contrato será en términos de complementariedad; el llavero cuida las llaves al volverse sonoro, visible y agregar volumen a ella. Y la llave le da sentido al llavero, no solo su nombre sino su justificación.

    Hemos subestimado la importancia de los llaveros al considerarlos solo una extensión, ¿Recuerdan cuando juntaban cositas en sus bolsillos o en una cajita especial? Cositas raras como corchos, semillas, rocas, conchas marinas, un trozo de vidrio color rojo, un pedazo de metal con forma extraña, incluso solo por atracción guardamos brocas para pulir y perforar barras de acero cuando se producen partes para las cajas de cambios de los autos.

    Las llaves pocas veces, pero los llaveros casi siempre son un recuerdo sólido, materialidad y reafirmación de nuestra presencia en un festival, una feria, museo, un pueblo, país o ciudad. Donde lo que importa es su función como detonantes de recuerdos o experiencias agradables. Por ello si se decide dejar de tener pareja, uno debe primero observar sus llaves y llaveros, evitando así ser asaltades por el rencor o la tristeza de lo que no fue y no será.

   Gracias por continuar hasta esta zona del texto. Solo queda un planteamiento que dice; quizá son las llaves quienes deciden nuestros movimientos y somos llaveros de grasa, piel, huesos y narcisismo, que creen tener libre albedrío, cuando en realidad las llaves desean ir a un u otro lado, estar y visitar, envejecer y multiplicarse, desde esta u otra forma cuántica. ¿Fantasmas? ¿Extraterrestres? ¿Demonios? ¿Magia? ¿Llaves?

    ¿Para qué quieren ir de puerta en puerta? ¿Cómo es que nos hacen creer que nosotros tomamos las decisiones? ¿Los llaveros son una estrategia para evadir la realidad o un mecanismo de control conductual?

    ¡No lo sé! Creo que nadie podría saberlo con certeza pues los llaveros no suelen ser un problema o motivo de reflexión. En mi caso es una limitación de pensamiento, porque para empezar yo no pienso como piensan las llaves y esto es obvio, porque soy un llavero.