Como león, un rey. Como leona, una fiera. Imponente por su intimidante melena el rey porta una corona que representa sus habilidades de combate; musculoso, dorado como el pastizal de la pradera, poseedor de un rugido que hace temblar a todos, humanos incluidos. Roma, Britania, Egipto y Arabia conocieron el poder y la majestuosidad de los leones y le adoptaron como un símbolo de tributo y respeto. Una muy antigua frase que está al borde la extinción dice: “Antes de Dios, estuvo el león”.


La leona, por su parte, es quien verdaderamente manda en el reino con un cerebro más grande y una comuna que le respalda. Tiene todo lo que posee el león pero además astucia, agilidad, templanza y el conocimiento como cazadora, de que la cabeza del rey león será la que se cuelgue en las paredes cual trofeo. Ella lo sabe porque en su búsqueda de alimento se acercó una vez tanto a una cabaña, que pudo observar otro dorado iluminando la melena del rey; le llaman fuego y también gobierna y también ruge.