La realidad sin maquillaje

Recuerdo que íbamos abajo 5 a 1 en el medio tiempo. Teníamos un jugador menos y el portero apenas y podía apoyar su pierna izquierda. Éramos visitantes y testigos del canto ensordecedor desde una tribuna que no había dejado de alentar a nuestros rivales ni un segundo, te asfixiaba. Su equipo parecían estar formado por titanes en comparación nuestra, veloces, imponentes y elegantes. La mitad de nuestro equipo parecía más preocupado por decidir quién le pediría intercambiar la camiseta a la gran estrella que ya nos había anotado tres goles.

Todo estaba en nuestra contra. Hasta dios parecía haberse tomado el día libre para ver este juego, quizá, desde algún palco.

Fue entonces, en el vestidor, que de la boca del couch salieron las palabras adecuadas:
“Chavos, no le están echando ganas, necesito que le echen más ganas porque vamos perdiendo”.

El juego terminó 5 a 6. Contra todo pronóstico remontamos y por primera vez en la historia conseguimos el campeonato.