Palabras en rebanadas

Selecto menú de narrativa, reseñas y ensayos personales para compartir con propios y extraños

Tristeanidad

*Las siguientes notas deben acariciarse como una composición musical dirigida al olfato que produzca imagen en quien constata para que así y solo así “pueda ver”. Se dictan con estilo patafísico y se escriben por escribir. Demasiado poco para ser considerados evangelios, pero mucho más que delirios amorfos, la provocación se lanza sobre el estilo. El estilo de aquellas formas extrañas que la literatura ha dejado sin nombrar a cautela de equivocarse; G. Bataille, Jean Ferrer, Neil Gaiman, Henry Bergson y varios más que habitan una delgada línea entre la ficción narrativa y el ensayo de lucidez científica.

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Ssssssshhhhhh

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En el principio no había nada, ni sentimientos. Luego Dios se hizo cosquillas a sí mismo y el Big Bang emocional salpicó muchas cosas, aunque no a todas. Aquellas que sí empezaron a sentir al instante notaron que sentir que sientes es sinónimo de vida. Lejos, muy lejos estamos aún de saber cuál es el sentido de esa vida, pero desde entonces ya se repetía entre la prehistoria civilizatoria que sentir era algo maligno pues provoca dudas, hace aparecer preguntas que se clavan en el cuerpo y que perforan de manera constante cada uno de los órganos.

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De la nada, en plena oscuridad, se escuchó un lamento. Había calor, incluso se diría que había excitación, pero ese lamento trajo algo nuevo para todos; trajo el frío. Y el frío encontró una escalera y así nació el escalofrío.

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Cuando surgieron los sentimientos no se sintió gran cosa, no había mucho que sentir y sin embargo eran muchos más sentimiento que los actuales, sentimientos enormes, de proporciones inimaginables y alcances insospechados. Sentimientos que se hicieron montañas, ríos, sentimientos como el mar, el desierto, las sombras de un pasillo que nos atemoriza o la luna, estos fueron algunos de los yacimientos donde mutaron en colores, sabores y direcciones las partículas de aquellas cosquillas a sí mismo que solo Dios pudo lograr.

Dios es emocionante porque Dios y las emociones son lo mismo. Emocionarse tiene un origen ancestral vinculado al sonido de una burbuja que explota. Una emoción es un movimiento por si mismo. Más allá de las leyes de la física, pues sin acción se produce una reacción. Por eso se dice que los sentimientos son culturales, ya que una fuerza llamada emoción sacó de la naturaleza aquello que pudiera cambiarla significativamente, ese teratoma fue la primera maquinaria. Capaz de moverse sin las reglas de la natura, se llamó a sí mismo “El segundo”, “el dos”, es decir: Dios. La naturaleza es indiferente por naturaleza y eso lo desconoce porque la naturaleza no siente nada, se mueve en una frecuencia diferente, la del orden natural donde cosas como el instinto no son una elección.

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En la infancia de los afectos todo transcurrió como si estos volaran, iban de un lado a otro y sin garantía de volver muchos chocaban producto de la movilidad que les anima (una fuerza sin causal como ya se sabía). Revoloteando y sacando chispas de los impactos y roces entre ellos estuvieron la mayor parte del tiempo conocido.

No se podría decir que se multiplicaron, pero no eran los mismos. No hay constancia de su desaparición y sin embargo llevan cientos de años que ya no se sienten igual(es).

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Los zen(ti)mientos iniciaron ese estado de complejidad que se conoce como adolescer. Fue entonces que Dios (molesto por el movimiento) se desentendió de los sentimientos y negó su autoría, como ha negado otras tantas cosas, como suele negar algo cuando no se traduce en alabanza eterna, más creyentes, tributos o agradecimientos.

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A Dios gracias, a Dios el reclamo de estos sentimientos.

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Con el paso del tiempo los sentimientos primarios se volvieron secundarios, y luego, terciarios. Fue ahí la división en dos grandes grupos: Prepamientos y Emociones vocacionales. Durante esos tres periodos de una duración aún debatida, los sentimientos cambiaron de múltiples maneras.

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Entre hermanos no se reconocían como le ocurrió desde entonces a Querer y Amar, algún día gemelos, pero hoy, en las batallas románticas y de cortejos constantes, se dicen opuestos.

Hubo muchos sentimientos que se perdieron en el camino, que desaparecieron o fueron secuestrados por seres de una oscuridad diferente quienes se aprovecharon de buenos sentimientos para nutrir sus sistemas operativos hasta dejarlos vacíos, huecos mejor dicho. Y así, sin nada por sentir no lograron perdurar, pues la memoria está construida con bloques llamados afecciones.

Esta oscuridad diferente que secó algunos sentimientos les condenó al abrazo metálico del cobre, níquel y plomo. Por todos lados se gritó: “¡aquellos no son sentimientos!, ¡son intereses!”, se dijo en las calles, las iglesias, en las cantinas y en las canciones, en la virilidad narcótica y la comodidad victimizante. Se durmieron con un zumbido y despertaron asumiendo su extranjería para vivir en las migajas resultado de una confianza excesiva.

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Querían un poco más, clamaron por una segunda oportunidad, pero sin Dios y sin sentimientos afines que les escucharan, se encontraron en una pérdida y le nombraron por la ausencia: I-No-Scencia.

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